El alba como celeste humareda entró por la ventana
y flota ya en la habitación.
Anuncia el trajín de un nuevo día.
Estoy viejo y tengo ya los achaques de la edad,
pero vivo agradecido porque sí.
Me levantaré a vivir minuciosamente,
instante tras instante,
sin perder concentración,
como si este fuera el último día de mi vida.