La ternura me conmueve
fácilmente hasta el llanto.

Fui un niño no deseado,
mejor dicho malquerido,
espontáneamente rechazado
(me lo dijo madre, lo sentí y lo sigo sintiendo).

Ya estaba mi hermano
y papá no
quería más hijos.
Después madre mermó la furia
de su rencor,
siempre con un íntimo reproche
hacia mí.

Cuando murió hace 25 años,
mi hermano, con todo derecho,
así me parece que lo sentió él,
de veras,
y hasta yo también,
se fue derecho al banco y saqueó,
quise decir sacó,
la plata que había en la cuenta
de
mamá,
tan ahorrativa la pobre.

Y yo he sido tan “maje”,
que hasta ahora me vengo a dar cuenta
del hecho,
que entonces me pareció
tan
natural.

Bueno, mejor dejo el tema de la ternura
para otro día.
Y a otra cosa, mariposa.