Vine a la poesía para quedarme,
siendo ya un hombre maduro.
Muchos años viví batallando
contra molinos de viento ilusorios,
similar al bueno de Alonso Quijano,
deschavetado,
creyendo que eran monstruos.
Y llegué errante existencial
a las costas de la poesía,
que me esperaban abiertas, generosas.
Hice mi humilde casa y me quedé para siempre.
Como y duermo normalmente,
pero mi nutrición principal es la poesía.
Ya estoy viejo
y la parca viene en camino.
Y es tal mi fruición poética,
que me gustaría dejar por escrito
mi último suspiro, en tiempo real.
Seria nada menos que el pionero,
como el gran Walt Whitman y el verso libre.
