Roderico Rodríguez Poeta de Costa Rica

Un pez en el agua

En el curso de mi larga vida
he tenido varios entusiasmos diversos,
según la edad y la época.

Primeramente fueron los ríos y sus frías y profundas pozas.

Y es que Esparta, donde nací y me crié,
era un pueblo rodeado por ríos y quebradas
de cristalinas aguas abundantes.

Y antes de mis 10 años, cuando estaba en IV grado,
me entró una fiebre incontenible por ir a las pozas a nadar
y pasar las horas en esas.
Y mi madre se ponía fúrica
y siempre me castigaba al regreso.

A tal punto era mi afición por los ríos que,
junto con otros compañeros
nos escapábamos de clase,
nos brincábamos la tapia
y nos íbamos entusiasmados para la poza.
Y nos pasábamos las largas horas en esas.

Después,
ya tarde en la tarde
llegaba yo por fin a la casa,
donde eperaba madre furiosa
y me castigaba a golpes con lo que tenía más a mano.

Y era tan flaca mi memoria
y tan viva mi afición,
que al otro día borrón y cuenta nueva,
al final de clases o escapado,
me iba otra vez para la poza.

A tal límite llegó la cosa,
que mi padre, para defenderme
de la paliza que me iba a dar madre
cuando me quedé en cuarto grado,
le dijo en el último momento:
Si Élida, este muchacho se quedó en la escuela,
pero hay que verlo en los ríos, es capaz de agarrar un pez en el agua”.