Quisiera pasarme el tiempo escribiendo
mis pequeños escritos;
soy un fiebre, como decíamos chiquillos.
No es posible, lo se,
escribir exige una tensión emotiva,
que si bien puede propiciarse,
es lo que trato de hacer siempre,
no puede ser al antojo.
Leer es una acción concomitante,
por dicha.
De modo que en esas me paso,
leyendo, escribiendo, y propiciando
el momento para escribir.
Un círculo cerrado pero virtuoso,
al que se agrega a veces la construcción.
Me acuerdo de pasiones que fueron en mi vida,
las pozas de los ríos,
la plaza del pueblo,
las montadas a caballo, la bicicleta,
las peleas de guantes,
el ping pong, el tenis y cuando llegué por fin a la poesía.
Fueron momentos cúspides de mi vida.
Siempre fui tequioso, insistente, apasionado,
y madre me castigó por eso,
pero no pudo conmigo.
A su modo me lo dijo la vez que estuvo en mi cabaña de Loma Alta,
entre rencorosa y resignada:
«Vos siempre buscando el campo».