Salvo que uno decida poner fin a su vida
con propia mano,
hay que vivirla y asumir un destino
o padecer su ausencia.
Si asumís tu destino,
implica darle sentido a la vida
y vivir consecuentemente.
Tener metas, objetivos,
una ruta que se sigue con esfuerzo diario.
Es cuestión de ganas y trabajo,
no es nada del otro mundo.
Por supuesto que habrá desvíos, altibajos, correcciones,
pero hay una firme voluntad.
El otro camino que hay en la vida es despreocuparse
y vivir a la buena de Dios.
En vez de sujeto, ser objeto del destino.
Pero entonces se va al pairo,
llevando palo y quejándose de la situación
y la mala suerte.
Una cosa es una cosa
y otra cosa es otra cosa.