Esta vida tiene mucho de espectáculo circense.
Los días van apareciendo como conejos
que van saliendo del sombrero de un mago.
Y por más atento y advertido que uno esté,
la sorpresa es siempre inevitable.
Pasa con los días que vienen normales, indiferentes,
y ni qué decir con los no deseados,
que uno quisiera que nunca lleguen,
y cuando se percata, ya están ahí.
De los que se esperan deseosos ni qué decir,
por la ansiedad que producen,
y a la hora de las verdades,
es más la espera que lo que duran.
No termina uno de aprender que la vida es así.
La vejez por ejemplo, llega repentina,
no se ve venir,
cuando uno se percata ya está sufriendo sus achaques.
Y no hay adónde ni a quién quejarse o pedir explicación.
Se siente uno como atrapado sin salida.
La muerte mejor ni la menciono
y termino ya.
