Lo mejor es vivir limpiamente,
despojados de malas intenciones
y dobleces.
Está vida es como una luz
que titila frágil en la oscuridad.
En el camino están los recovecos
y los peligros que acechan.
Y el mejor visor es uno mismo.
Hay que avanzar atento,
guiado por el lucero de las buenas intenciones.
