Somos como somos, quienes somos,
y estamos siendo en el mundo
a manera de un brote fugaz.
Me recuerda a esos actores,
cuyo papel en la obra
es pasar a través de la escena haciendo algunos gestos,
y luego desaparecen y no vuelven más.
La muerte es más contundente aún,
porque lo saca a uno de escena,
y no queda tras bambalinas, ni en ninguna parte.
Ni tampoco es ya uno ni es nadie,
solamente los indistintos átomos de la materia.
No basta haber vivido,
para que después no sea
como si no hubiéramos existido nunca.
En esto hay mucha confusión,
y no hay de otra,
porque inevitablemente
vemos la muerte
como si fuera parte de la vida.
Y nada que ver.
