Me gusta escribir por el arrobamiento
que genera en mí.
Ante un impulso poético
mi reacción es inmediata,
esté donde esté y con quien esté,
y si es preciso me aparto.
Si voy en carro me orillo y me detengo,
y saco mi poderoso Apple celular y digito,
con la presteza de un pistolero de Western
cuando empuña su revolver.
Escribo de corrido para no entorpecer el impulso.
Y después corrijo y termino de armar el escrito,
ya sin el arrobo inicial, pero partiendo de la materia prima
que ha sido expelida hacia la pantalla del celular.
Algunas veces sale completo el escritillo, en el primer envión.
Me encanta cuando tengo ya preparado un borrador
para dedicarme a la tarea de corrección y acabado.
Es miel sobre hojuelas para mí.
