El escritor escribe lo que escribe,
primeramente porque le gusta escribir,
y eso tiene que ver,
de seguido y consustancialmente,
con que le gustaría ser leído.
La escritura existe para comunicar.
Leer y escribir son verbos siameses,
o como decir caras de una misma moneda,
y se requieren uno al otro para existir
plenamente.
En modo implícito, leer es escribir
y más aún al revés, escribir implica leer.
Así, quien lee es corrector de lo que lee,
y quien escribe, puede decirse,
el primer lector de lo que escribe.
Aparte ha sucedido y sucede,
que un escrito ande por ahí,
en gavetas o anaqueles titilando en la oscuridad,
esperando la luz de unos ojos que lo lean
y poder alcanzar así su plenitud.