Esta hora temprana,
cuando apenas asoma rosácea la alborada, sus alargados dedos,
es clave para mí.
Como artesano de las palabras
aprovecho el silencio y la quietud,
preparo el material para el trabajo del día,
lo que en zapatería llaman el avío.
Debí haber dicho llamaban,
porque el avance de la modernidad
ha dejado en el olvido el oficio de zapatero.
Ese material, en mi caso,
consiste en el conjunto de palabras que contienen el borrador del texto.
Más tarde, cuando entonces soy el operario montador,
para seguir con el símil de la zapatería,
me doy al armado y pulido del escrito
y por fin,
lo expongo en la vitrina del olvido.
