El tiempo en que vivimos nos deslumbra
y se nos va como agua entre las manos.
El instante es la piedra dura y está en fuga continua.
Uno tiene que estar alerta porque no espera,
y cuando consigue percatarse, ya pasó.
Nos salvan el recuerdo, la aspiración y el trabajo.
Todo sucede en el instante pasajero.
Y a base de memoria y proyección,
construimos el tiempo en que vivimos.
