No sé qué haría sin el olvido,
esa agua lustral que purifica la memoria.
La hora del alba es siempre nueva
y provoca una conmoción en mí.
El inicio del día conlleva una expectativa, una interrogación.
Surge momentáneo el niño que fui
en la escena del momento.
Después desaparece la novedad
y todo vuelve al trillado cauce de lo cotidiano.
