Yo nací en Esparta
por allá de mediados del siglo pasado.
Entonces el cantón tenía 3000 habitantes aproximadamente,
Hoy son 40.000 ó más.
Y recuerdo que, siendo yo adolescente,
mi padre compró un jeep Willis
para atender los colmenares, que eran varios,
incluido uno en Cañas y otro en Miramar.
Y mi hermano y yo aprendimos a manejar
y papá, a veces, en el campo, cuando estaba de buen humor,
nos dejaba manejar el jeep para aplacar nuestra fiebre.
Era tal el entusiasmo,
que una vez que llegué de la escuela y papá había salido con el carro,
yo, sin pensarlo dos veces, me cambié de ropa y me fui por las calles,
atentos mis ojos en busca del jeep.
En ese tiempo
la mayoría de las calles del pueblo estaban sin pavimentar,
y eran pocos los carros
y yo podía seguir con facilidad el rastro de las huellas
que dejaban las llantas en el polvo seco de las calles.
Lo seguí por varias calles
pero lo perdí.
Y por fin, cansado
y sin ilusión ya de poder encontrarlo,
me regresé a la casa.
Y cual fue mi sorpresa,
que ya el carro estaba ahí de vuelta, estacionado.
