He vuelto a vivir en mi pueblo
y me topo,
con que varios coterráneos
de mi tiempo
están en las últimas,
con demencia senil,
o dolencias terminales diversas.
Yo, lo doy por sobrentendido,
he venido a vivir
mis últimos años, meses, días,
no lo sé, pero sin duda,
lo que le puede quedar de vida
a un viejo octogenario,
traqueteado por la vida.
Las horas extra como se dice.
Lo que hago es escanciar el día
momento a momento,
como si fuera un viejo vino.
Trato de dar cada paso
con sentido y propósito,
como cada aspiración y exhalación
de mi boca.
Vivir como si fuera para siempre,
aunque la muerte está
a la vuelta de la esquina.
