No soy nadie.
No digo astutamente como Odiseo,
previendo cómo salir con vida de aquella trampa mortal.
No soy nadie, de veras,
nadie que pueda mencionar para identificarme a mí mismo
sin la menor duda.
No solamente identificarme ante los demás,
digo ante mí,
yo mismo no lo sé.
Y todo lo que puedo decir es puramente adjetivo,
de la periferia de mí.
Y así una cosa lleva a la otra interminablemente,
sin llegar por fin a ningún lado.
Aún remontando el río de sangre que me ha traído hasta aquí
no lo diría, no lo sabría.
No soy nadie, de veras,
nadie.
