«Quien se atreve a desperdiciar una hora de su tiempo
no ha descubierto el valor la vida»
,
escribió Charles Darwin en 1836,
en carta dirigida a su hermana.
Comprendo en todo su valor lo dicho por este noble sabio
y me doy cuenta del derroche de tiempo que he hecho en mi vida.
Entiendo también, de rebote,
el origen de los vacíos de mi formación académica e intelectual.
La absolución que me corresponde
es la de haber llegado a esa comprensión darwiniana
y vivir acorde con ella desde hace rato.
Me da lástima el tiempo malgastado,
nada puedo hacer,
salvo vivir positivamente aplicado
cada día que me resta por vivir.