Soñé que estaba escribiendo,
línea tras línea hasta acabar
los primeros versos del día.
Y justamente desperté
con el punto final.
Iba atento, muy orondo,
renglón por renglón, anotando el dictado.
El tema no lo recuerdo,
ni la primera, ni la última línea,
pero qué curioso,
cuando desperté,
había escrito ya
los primeros versos del amanecer.
