Tintinea fresca y rosácea la aurora en mi ventana.
Viene a través del ancho cielo
y anuncia el nuevo día.
Los barandales están quedando preciosos.
Tengo que estar temprano en El Lagar
comprando los materiales que faltan,
mientras Juan, el operario, viene en camino.
Quisiera quedarme un rato más rebujado en las sábanas,
pero el deber me llama,
por dicha.