Por décadas simplemente viví y trabajé,
a veces incluso con entusiasmo, que es, viéndolo bien,
lo que me dió el arresto para seguir adelante.
La juventud es heroica.
Ganarme la vida era la razón de mi existencia.
Y qué cosa, lo hice con fruición,
respondiendo a una manera de ser que me fue inculcada desde niño.
Pero la procesión iba por dentro
y acercándome a mis 40 de edad,
corté con irreverencia el nudo gordiano que me sujetaba.
Desatado, vagué en busca de mí,
en un viaje existencial de regreso a casa,
donde habían quedado olvidadas,
la carpintería y la poesía,
que me esperaban con los brazos abiertos.
Me costó llegar,
pérdidas y dolores del alma.
Pero llegué y aquí estoy.
