La noche se dejó caer desde los cielos.
Ven, ven, noche antiquísima y eterna,
dice Pessoa.
La nostalgia cae sobre mí
como menuda lluvia en el tejado.
Y me acuerdo de niño,
cuando mi padre iletrado, en la mesa del comedor,
a las horas familiares de café y comidas,
escribía sus sencillos versos en las orillas del periódico,
con su apreciada pluma esterbrook vintage.
Le hubiera gustado estudiar,
no pasó de la escuela por razones de pobreza.
Y fuimos nosotros, mi hermano y yo,
los que estudiamos y nos hicimos profesionales, contra viento y marea,
como una proyección del afán intelectual de mi padre.
Lo veo claro y entiendo porqué vencimos tantos obstáculos.
Y yo por mi parte además,
al descampado en una crisis personal sin pausa, en mitad de mi vida,
hice mi regreso existencial a la casa familiar donde me crié,
y recogí el ingenuo afán de mi padre por las letras como un encargo.
Por eso escribo y soy poeta.