La vida tiene principio,
un recorrido y un final.
Eráclito de Éfeso expresa bellamente esa realidad
con su famosa metáfora que dice,
que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río,
ya que el río cambia continuamente y no es el mismo.
Y nosotros por nuestra parte, cambiamos física y mentalmente
a cada instante.
Es famosa y muy bella esa metáfora,
pero no es completa en lo que hace al bicho humano,
porque si bien somos pasajeros en el río del tiempo,
nos toca dar sentido a ese recorrido con nuestros propios actos;
la inteligencia y en particular la voluntad.
Para nosotros no está hecho el destino,
tenemos que hacerlo mientras vamos en el río de Eráclito.
Estamos condenados a la libertad
dice luminosamente Sartre.
Y quien así no lo asuma,
ese si que va arrastrado por
por el río del tiempo,
pagando el precio de su destino.
