Aquí estoy,
en mi fiel hamaca de mecate,
iniciando la jornada del día
con lágrimas en los ojos.
Iré dócil,
como siempre lo hago.
Pero el mundo es otro para mí,
Alejandro ya no está.
Conmigo irán siempre
su recuerdo y la pícara sonrisa
que me legó, solo para mí,
en su hermoso rostro exánime.
