Recuerdo como si fuera ahora
cuando madre me dijo: «Rodri, yo ya quiero morirme».
Y años después mi tío Lalo,
en voz baja para que no lo oyera Carmen, su abnegada esposa:
«Mano, ya quiero morirme, estoy cansado de esta vida».
Quisiera, como mamá y mi tío,
tener semejante conformidad
y llegar a desear la muerte.
Por ahora no es así,
de veras que todavía siento ilusión
por la vida.
Mis nietos, uno a punto de nacer,
quiero verlos crecer
todo el tiempo que pueda.
Y la literatura:
me falta mucho por leer.
Y escribir, ni se diga,
si apenas hace un quinquenio
que lo hago
como forma de vida.
Veremos, uno pone y Dios dispone,
como dicen.
