Me intriga no saber por qué,
entre tanta gente y tanta cosa,
me acuerdo de Wicho, hermano de Odilie,
nuestra vecina de Esparta
en aquellos lejanos y nebulosos tiempos.
Recuerdo que se fueron a vivir a San José
cuando yo era niño todavía, 7 años tal vez.
Y no volví a saber de ellos.
Cuando entonces, Wicho era un mamulón de unos 20 años.
Y resulta que, pasado el tiempo,
me llevaron a mi a vivir a San José,
todavía adolescente,
y cual fue mi sorpresa,
cuando un día vi a Wicho con escoba y carretillo,
barriendo las calles.
Era ya todo un hombre y trabajaba en La Municipalidad.
Pero Wicho era como un niño grande,
y se atisbaba en su voz y en sus maneras,
un leve retraso mental.
Pasados los años por docenas y lleno de nostalgias,
cuando me jubilé compré una finquita
en las afueras de mi recordado pueblo,
y me sorprendió entonces, ver a Wicho en las calles,
que ya pensionado también,
había regresado a vivir en el pueblo,
donde ya no tenía familiares ni conocidos.
Andaba el pobre, solitario,
con su voz de niño,
tratando de revivir, supongo,
viejos y gastados recuerdos.
Después no supe más de él.
