No se trata de aceptar la muerte
que nos viene impuesta
y no hay quite;
más bien sería una resignación.

Sucede que los seres vivos no saben
que van a morir,
excepto el bicho humano
que es uno y es el otro,
es uno y es vario,
y cuya identidad personal
es la balanza del misterio
de la otredad.

Retomo el tema y digo
que a partir de cierta edad,
la muerte se toma como algo personal,
ya no simplemente la muerte de los demás.

Digo por fin,
que después de la muerte de mi hijo,
he venido por fin a congeniar con la mía,
que ya viene en camino.

Yo era, supuestamente, primero.