Vivir cuesta
y después de cierta edad más aún.
Si no es una cosa es otra la que
molesta.
Y es que en las alturas de la edad,
la vida va mostrando los maltratos
que el pobre cuerpo ha recibido
a lo largo del tiempo.
Y la mente que llamamos alma
o espíritu,
donde se agolpan los recuerdos
y las emociones
que dejaron las vivencias y los traumas,
ni se diga.
Ahora que he sobrepasado los 80
de mi edad,
comprendo a mi madre y a mi tío
cuando, a su tiempo,
una y el otro me dijeron,
a manera de confidencia:
Rodri, yo ya quiero morirme”.