Ser o no ser es el conocido dilema shakespieriano.
Ser y no ser
en donde el ser es
al margen de toda condición.
El ser se basta a sí mismo
y argumentos de ese jaez
son de fondo religioso.
Es mágica su visión.
Siempre se es una u otra identidad, o varias: se es carpintero, comerciante, esposa, esposo, abogado, ingeniero, agricultor, generoso, estudiante, agarrado, sinvergüenza, solidario, lector, escritor, amante, etcétera.
En el mundo civilizado somos alguien, lo que seamos, somos.
Somos en el mundo como dice Sartre, y también, “Yo soy yo y mi circunstancia.”
No somos en absoluto, en esencia, aislados de condición en el mundo.
Somos seres concretos, civilizados.
No tiene sentido el “ser” solo como esencia,
como si fuera una íntima entidad
al margen de toda praxis,
con vida propia.
Eso es metafísica y no cabe en la realidad.
Somos seres históricos, civilizados.
