Me hubiera gustado escribir novelas,
literatura que demanda una aplicación disciplinada,
poesía en forma de parábola.
Se bien que no puedo hacerlo.
Soy aplicado hasta la obsesión,
pero por la libre,
cuando me cae la peseta de la inspiración,
que viene de repente,
según sus propios caprichos.
Ah, y otra cosa,
que mi emoción poética es frecuente,
pero de corto aliento.
Ojalá que no se me seque la fuente.
No sé qué sería de mi sin la poesía.
Lo más seguro es
que no sería.
