Roderico Rodríguez Poeta de Costa Rica

En defensa propia

Se me ha señalado como mácula en lo que escribo últimamente,
que me refiero solo a la vejez y a la muerte.
Y es cierto que son esos los temas que me han ocupado estos días.
Y no tengo ningún descargo que hacer.
La pura y dura realidad es,
que soy un viejo octogenario que vive agradecido su tiempo extra.
La expectativa de vida para el costarricense nacido hoy es de 81 años promedio,
pero para los nacidos en el 50 del siglo pasado por ejemplo, era de 48.7
y en el 60 idem era de 57.8.
Ha ido mejorando esa expectativa
pero es obvio que,
si bien las mejoras en la condición de vida van modificando sucesivamente
la expectativa de vida futura,
no se vale atribuir esa expectativa de los nacidos hoy, linealmente,
a los nacidos en fechas anteriores
no contempladas.
Obvio de toda obviedad.
Aunque es entendido que las mejoras
que aumentan la expectativa de vida son de aplicación general,
no hay cómo saber
en qué medida las expectativas de hoy,
pueden incidir en las expectativas de fechas anteriores.
Y bien, yendo al grano de la objeción que se me hace,
por estar refiriéndome al tema de mi vejez multitudinaria
y de mi muerte cercana,
solo atino a decir, ahora lo sé,
que la conciencia de mi edad ha venido muy rezagada respecto de mi verdadera edad,
y que ambas corrientes,
la verdadera edad y la conciencia de la edad,
ahora se convienen y se empatan.
( ¡A güevo, no hay alternativa! )
Y es la verdad, que estoy como niño con juguete nuevo,
dele que dele al tema de la vejez que se me vino encima
y de la conciencia que alcanza esa vejez.
Al fin y al cabo mi afición es ecribir
y francamente no me importa el tema,
que, eso sí, surge espontáneamente,
y no como producto de un orden
que sujete a mi espontaneidad.