La vida de uno es una procesión
de aciertos y desaciertos.
Eso parece inevitable.
Y muy en particular,
tratándose de mi: intempestivo.
Por dicha la carga de los años
me ha sosegado.
Y seguramente por tanto desacierto,
siendo yo,
siempre quise ser otro,
cosa que es frecuente también en la gente.
Es un telele común, generalizado,
que viene de la niñez,
cuando es normal y frecuente
que nos hagan creer
que somos otro,
distinto del que realmente somos.
Seguramente el que quisieran que seamos,
en esa nebulosa familiar que se lleva consigo.
Siempre fui un transgresor
y lo pagué caro en mi propia casa.
No me arrepiento.
Esa misma irreverencia
ahora me ha librado de querer ser otro,
distinto de mi.
He llegado a mi destino.
Lo que queda es cuestión de tiempo.
