Recuerdo cuando íbamos
a los colmenares,
en el poderoso jeep Willis tapa baja,
con papá.
Mi hermano y yo esperando el momento
en que nos diera la oportunidad
de manejarlo,
en aquellos caminos de barro colorado
y pegajoso.
Emoción incontenible.
En mi vida fueron varias las aficiones febriles
que tuve.
Las pozas de los ríos,
la primera que recuerde,
cuando estaba en IV de la escuela
y me escapaba junto con otros compañeros.
Me quedé, por supuesto.
La última es esto de leer y escribir palabras
que son verbos siameses,
inseparables en la acción.
Cada cierto tiiempo surgieron en mí
las aficiones,
como si vinieran de fuera, pero qué va,
pensándolo mejor,
vivían en mí agazapadas,
flotando livianamente, adormecidas.
Y cuando llegaba su hora emergían
inevitables
y saltaban a la acción.
Puedo decir,
que he vivido entusiasta
el catálogo de mis aficiones…
y todo lo demás
por accidente.
