Me gustan negras, blancas, amarillas,
y de todos los colores.
En realidad no son así,
es un estereotipo.
Hay que verlas, oirlas, tratarlas,
y si es posible olerlas,
saborearlas.
Únicas, íntimas, deliciosas,
sin igual.
He sido un manos sueltas
en la vida,
un botaratas decía mamá.
Pero esos recuerdos,
esas íntimas vivencias,
me las llevo conmigo.
