Escribo porque me gusta,
si no, no lo haría.
Y lo hago porque tengo
algo que decir.
Ahí está el busilis del asunto.
Para tener algo que decir
hay que vivir tentando la poesía.
Voy a través del día y la noche
en esas,
haciendo paradas de contemplación
e introspección,
propiciando el chispazo
que depare el verso.
Puede que venga de fuera
pero es dentro
donde surge la emoción poética.
Y de seguido, me conecto
y escribo obsedido.
Es emocionante cuando lo logro.
Así vivo,
escapando del mundo,
en busca de la metáfora.
