Ya hizo su periplo el sol
de lado a lado a través del celeste cielo.
Ahora está cayendo por el oeste,
allá en lontananza.
Y mañana volverá de nuevo con la fresca alborada
y hará otra vez el mismo recorrido celestial,
mientras irradia de luz el día.
Los humanos primitivos temían,
con razón aparente y con el frío en los huesos,
que el sol que se iba hoy
no volviera mañana.
Y hacían rituales y oraciones piadosas invocándolo.
Ahora estamos orgánicamente acostumbrados a estos ciclos de luz y sombra,
y no nos percatamos siquiera de su acontecer.
Mientras el mundo sigue su curso,
la gente ve la pantalla de su celular,
mágicamente anestesiada.