A través de la espesa noche
hasta las costas del nuevo día,
cuando se inicia mágicamente la alborada.
Un viejo como yo tiene que hacer acopio de voluntad
para levantarse y emprender la jornada.
Hoy termino «A Lupita le gustaba planchar», de Laura Esquivel.
Muy agradable, pero no a la misma altura de «Como agua para chocolate»,
lo que es normal en autores que alcancen una cumbre,
que después no consiguen igualar con el resto de su obra.
De veras que México es un mundo en el mundo de buenos escritores,
de viva antigüedad y de muy buena comida, lo mejor de lo mejor.
He ido en tres ocasiones ya casi olvidadas, a ese mítico país,
pero ha sido por razones de trabajo, que no es lo mismo que turistear.
Pensaba volver con esa exclusiva finalidad, pero ahora lo dudo,
por mi lesión de cadera que me impide caminar más allá de cien varas.
Todo tiene su término en esta vida
¡Qué caray!
Más tarde termino de leer el libro de Laura
y me toca conseguir un nuevo libro para leer.
Y esa pequeña aventura es la emoción del día que me espera.
