La vida sucede en el instante,
es como decir que no transcurre,
que permanece porque el instante no dura, no tiene transcurso.
Con las estrellas ocurre similarmente que permanecen en su posición,
mientras el espacio sideral es el que
se expande,
a velocidades inimaginables,
quién sabe hasta dónde y hasta cuándo.
Sabemos por la ciencia que esa expansión,
una vez que sobrepase el alcance de la fuerza de gravedad,
traerá por consecuencia lógica,
la desintegración apocalíptica del universo.
Esos son los datos puros y duros de la realidad,
que existe desde antes de nosotros,
y que seguirá existiendo
después de nuestra extinción,
si es que nos extinguimos,
lo que es altamente probable,
mientras exista el universo.
Y si no nos extinguimos también existirá.
El sentido común nos engaña en éstas como en tantas otras cosas.
La extinción del bicho humano puede ser anterior a la extinción del universo, pero si así no ocurriera, sucederá con el colapso universal.
La duración del tiempo: pasado, presente y futuro,
es una construcción humana.
Y la existencia de un ser superior, un dios,
también es una construcción humana.
Inicialmente, por la necesidad de protección,
sentida ante los peligros reales y desconocidos del mundo primitivo,
en medio de la ignorancia que propicia el pensamiento mágico.
Y segundamente, y esto es fundamental,
como una interpretación simbólica encarnada,
del don que tiene la humanidad
de crear el mundo de ficción maravilloso en que vivimos.
Ese del presente, pasado y futuro.
Mis perros, por ejemplo, viven en la eternidad.
Con el tiempo, gracias al surgimiento y desarrollo del conocimiento científico,
era de esperar que los temores de origen mágico que tiene la especie humana, irían desapareciendo.
Pero las iglesias, como vemos,
siguen vigentes y cada cierto tiempo aparecen más,
movidas por el afán de lucro y dominación.
La tierra firme en que florecen es siempre la ignorancia,
y la condición tan banal del bicho humano.
Es cuestión de asustar a la gente con la condenación eterna,
y seguidamente ofrecerle la salvación.
Las religiones vienen de lejanos tiempos,
y se inspiraron inicialmente en el temor entendible de la gente,
pero que sigan tan vigentes hoy,
es otro cantar.
Estos temas son delicados
y no puedo menos que recordar a Giordano Bruno, a Galileo Galilei
y a tantos otros mártires anónimos
a manos de la Iglesia de Roma.
Por dicha escribo para un grupo de amigas y amigos,
y no tengo porqué temer represalias,
eso espero.
