La vida es irónica,
especialmente con un viejo como yo,
que sobrepasa las expectativas de vida,
y que está, como decir, en horas extra.
Recuerdo cuando hace tantos años
vino de París a Estados Unidos Maurice Chevalier,
famoso cantante de entonces, hombre cortés y cordial,
a despedirse de sus amigos de ese lado del charco,
porque ya estaba viejo
y estaba lógicamente próxima su muerte.
Y yo que tenía simpatía por Chevalier,
sentí también conmiseración.
De veras que la vida es irónica,
especialmente con los viejos,
por vivir tanto tiempo.
Y es que yo estoy pensando en estos días,
en volver a lugares que conocí hace tiempo y que llevo en el recuerdo,
para ver cómo están hoy, cuánto han cambiado,
y sobre todo para decirles adiós para siempre.
Así es la vida.
