Son las 3 y 20 de la mañana
y ya desde hace rato que estoy despierto,
vuelta y vuelta en la cama,
para allá y para acá,
sin poder conciliar el sueño.
Por qué, no lo se;
simplemente se me prendió el bombillo
de la vigilia en automático,
y ya no consigo interrumpir su necia lucidez.
Y en estas condiciones no tiene sentido seguir en la cama,
salvo la angustia y la vigilia en los ojos circuidos como de loco.
No me queda más que levantarme
y dar inicio a una nueva jornada.
Principiar el día con esta nota,
aunque sea, como es evidente, una excusa,
significa para mí poner el pie en el primer peldaño de la jornada.
Arriba se ha dicho y que venga el nuevo día y sus trapisondas.
