Soy un pozo oscuro
de ocurrencias y costumbres,
aprendidas sin mediación de mi conciencia.
La primera fase de la vida es espontánea,
la consciencia no cuenta.
Y el niño es como una esponja absorbente
que se va cargando en el camino.
Puede durar 7 años o más;
pueden haber casos extraordinarios de toda la vida.
Y lo jodido es que sobre esa piedra tiene uno que edificarse.
Sobre la piedra de la inconsciencia repleta de todo lo que le han instilado.
Esa es una tara hereditaria,
viene de padres a hijos a lo largo del tiempo.
Sartre y Foucault dan la única salida conocida para tratar esa tara.
Recomiendan ignorar la voz del inconsciente,
y hacerse a uno mismo conforme a su propio criterio inteligente.
Personalmente viví una devastadora crisis de identidad, alrededor de los 40.
Y siguiendo el camino de la libertad que propone Satre,
boté los hábitos y empecé
a atender mi propia voz.
He tenido una vida azarosa
y sembrada de errores.
Pero he llegado a alcanzar una vida sencilla y satisfactoria,
lo que no excluye el sufrimiento.
Hay que hacerse a uno mismo,
no hay quite.
