Es imposible ser indiferente al destino.
Equivale a dejarse llevar
por el torrente ciego
de la vida cotidiana
y resignarse a ser nadie.
Y pagar las consecuencias
de su indecisón
con desidia, pereza, frustración.

Es imposible ser indiferente al destino.
Equivale a dejarse llevar
por el torrente ciego
de la vida cotidiana
y resignarse a ser nadie.
Y pagar las consecuencias
de su indecisón
con desidia, pereza, frustración.