Si el propósito de la vida
es la vida misma,
sin adjetivación alguna,
y similarmente el del universo es,
ciegamente, el universo,
entonces todo el acontecer,
por más contradictorio
y disparatado que parezca,
es en favor de la vida y el universo.
Tratándose de semejante escala
nuestra comprensión se queda
corta,
y vemos la muerte como si fuera
una contradicción de la vida.
