Nací y crecí en Esparta,
hoy, y desde hace más de 50 años,
vuelto a mal llamarse Esparza,
por un afán puramente academicista,
a contrapelo de nuestros usos fonéticos,
porque los ticos no pronunciamos el
sonido de de la z.
Y así resulta,
que a los esparzanos,
nos ponen en el ridículo de pronunciar
incorrectamente
el nombre del lugar donde nacimos.
¡Todo por un purismo académico!
