La primera etapa de mi vida adulta,
intensivamente laboral y profesional,
ha caído en el olvido.
Espontáneo y voluntario a la vez.
A partir de la jubilación,
me abandoné a mi mismo y así,
a puro olfato,
encontré mi camino.
Como carpintero construí
parte esencial de lo que tengo,
que es apenas para vivir,
sumado a la jubilación de burócrata y profesor.
Leo y escribo diariamente
y así pasan los días,
dejando la sensación del deber
cumplido.
Evito las metas, me neurotizan.
Vivo con intensidad,
por la libre.
Siento que he llegado.