Hay, supongo,
un momento trágico en la vida
en que uno se entera,
que le llegó el final.
Debe ser una noción demoledora.
Le sucede a niños, jóvenes, viejos.
Y supongo que ante la inminencia
del caso,
y la absoluta incapacidad de poder hacer algo,
sobreviene entonces un acomodo acelerado
de la conciencia
a la situación.
Avenirse a la fatalidad.
La heroicidad del fin.