Las primeras experiencias que vivimos,
me refiero a las vividas en el vientre materno
y en la más tierna niñez,
son sin duda las que mejor,
quiero decir, con más fuerza,
nos definen.

Y no hay nada que hacer.
Es imposible alcanzarlas
a base de reflexión,
no hay cómo traerlas enteras
a la conciencia,
salvo cuerazos de luz que llegan,
lejanos,
deslumbran y se van
(a mi me dejan en un temblor).

Tuve una crisis de identidad
arrasadora en torno a los 40 natalicios.
Mucha introspección.
Esa zona oscura de la vida ventral
y de la más tierna niñez,
debe haber sido ríspida para mi,
inconscientemente difícil.

Fui un niño no deseado,
vine al mundo por accidente,
nadie menos que madre
me lo dijo.

Estas son meras reflexiones
irreverentes de fin de año.

La exacta y minuciosa verdad,
está soterrada en la conciencia
del niño,
para siempre.