Soy aficionado a la ópera,
Kaufmann, Netrebko, Garifulina y más, hoy.
Y Tagliabinni, Jussi Björling, Sherry Millnes, Callas, Tebaldi, Milena Frenny y muchos más, clásicos, clasicasos.
También Plácido, Carreras, la seda de Pavarotti, etc.
La voces viejas de la ópera son las mejores por lo general,
pero ahora tenemos a Kaufman que es un fenómeno.
Pavarotti tiene unos registros que sólo él,
quiero mucho a Plácido.
Soy un aficionado intenso pero por la libre.
Tarareo espontáneamente pequeños estractos operáticos,
y boleros, ni se diga.
Pero casi no me acuerdo de nombres y biografías,
y menos de letras, solo pedacillos.
Soy como un burro en el camino.
Pero disfruto intensamente.
Crecí en el taller de papá con música todo el día.
Y en la zapatería de Rafael,
mi amigo de toda la vida,
donde fui aprendíz cuando estaba en cuarto grado de la escuela
(y por cierto me quedé, porque me las pasaba en las pozas de los ríos,
como un pez en el agua decía papá, para defenderme de la furia de mi madre).
Hoy es 24 de diciembre y ahora estoy en un bar, El Pacífico,
en una esquina de Orotina frente a la línea del tren.
Hay karaoke
y hay que saber soportar.
Y soportarme a mi porque, primeramente voy con:
Adónde va nuestro amor, versión de Angélica María,
porque no está la de Pedro.
Y luego Cómo fue de Benny, para despedazarla.
Después, si me queda aliento
Venecia sin ti de Aznavour o A mi Manera.
Es francamente casi delictivo de mi parte, lo se.
Y hasta me aplauden…
¿Qué más puedo pedir en un 24 de diciembre?
Después me voy
y caigo como un saco en el lecho.
