Corre, niño,
no mires atrás,
que el viento sopla a tus espaldas
y a lo lejos
se oyen truenos en señal de la tormenta.

Niño, agua de sal,
niño agua del pozo de mi río,
mira que las hojas tiemblan por caer
y el tiempo no te esperará.

Toma de mis fuerzas,
toma la madera que te sirva de mi barco,
y vuélvete fragancia,
vuélvete metal,
y no te vuelvas a mirarme

Niño, agua de sal,
niño, agua del pozo de mi río,
mira que en el puerto el barco está seguro,
pero es para navegar.

Niño, en la ladera de ese monte habrá agua,
toma distancia
desde antes de que salga el sol,
te amanecerá en el camino.

Corre, niño,
llévate si acaso un puñado de tu tierra
que en el aire hay plomo
y la libertad anda de luto
entre las cenizas.

Niño, agua de sal,
niño, agua del pozo de mi río,
mira que las hojas tiemblan por caer
y el tiempo no te esperará.

María Pretiz